Cada vez que tu hijo agarra el celular, consume. Mira videos, pasa el dedo, se queda quieto. Pero no crea nada. No imagina nada. No construye nada propio.
La creatividad se entrena — y se entrena haciendo, no mirando. Cada dibujo que tu hijo hace en la Pizarra Mágica LED es una idea que salió de su cabeza, no de un algoritmo. Elige los colores, inventa las formas, decide qué crear. Y cuando termina, borra y arranca de cero con algo nuevo.
Un celular le muestra el mundo de otros. La pizarra le enseña a crear el suyo.